Una fecha para no olvidar....

Hace hoy, exactamente, 27 años que se fue de mi lado. Recuerdo, como si fuera ayer, que había llegado cansado y muy tenso del trabajo. No solía comunicar sus problemas laborales para no preocupar a los que tenía a su alrededor. Comió muy poco e inmediatamente se recostó, como siempre, a leer. A eso de las 7 de la tarde, y sentado frente al televisor, estaba comiendo una manzana, cuando, de repente, dijo: “Me siento un poco mal.”. Empezó a ponerse muy pálido, se le cayó la manzana de la mano izquierda y la derecha se la llevó a la zona del corazón como tratando de aliviar un dolor insoportable. Le había dado un infarto. Inmediatamente, y con la ayuda de un vecino, se le trasladó al Hospital, por urgencias. Cuando lo subieron a una camilla, nuestras miradas se cruzaron y con voz muy débil me dijo: “Creo que de esta no escapo”. “Bah, -le contesté- ya verás que sí”. Pasó una media hora que resultó interminable. Y llegó la noticia cruel. Me llamó el capellán del hospital y me dijo: “No se ha podido hacer nada, se le ha intentado reanimar pero no ha respondido positivamente. Ha muerto”. Fue un auténtico jarro de agua fría. No le creía y lo primero que dije fue si lo podía ver. Accedieron. Y allí en aquella camilla que lo vi entrar estaba con el cuerpo aún caliente y el rostro que denotaba mucha paz. Tenía entonces 58 años.  Ya no contaría con su presencia física, con su sabiduría, con su equilibrio emocional, con su palabra. Sus consejos y sugerencias, nunca órdenes, quedarían en mi memoria. Aquel año fatídico de 1.982, en octubre, su corazón no pudo más y dijo basta. La diabetes añadida era un enemigo peligroso, al que combatía con insulina. Eso, unido a un injusto expediente (que todavía conservo) y que le habían formado por no denunciar antes los superiores a unos compañeros que estaban bajo su responsabilidad ya que si lo hacía, el despido para ellos resultaría inminente. Eran padres de familia y eso era argumento suficiente para cargar con unas culpas que no eran de él. No lo vieron así en las altas esferas de aquel organismo del Estado y fueron a por él. Por tapar y callar la irresponsabilidad de algunos, alguien tenía que asumir el papel de cabeza de turco. Llevaba casi 40 años de servicio. Sin una mancha negra en toda su trayectoria laboral. Ejemplo de honestidad, honradez y esfuerzo. Buen compañero que, sin embargo, por ello, no dejaba de decir lo que pensaba. Fue motivo de muchas envidias porque era un hombre muy culto. Poseía conocimientos de casi todas las materias. Lector empedernido de casi todos los géneros literarios, de ahí su amplitud de miras a la hora de enfocar muchos temas. Estaba abierto a cualquier cultura y todas le fascinaban. Decía: “Todas tienen algo bueno y positivo”. Escuchaba a la gente con una paciencia infinita y tener una conversación con él, era gratificante hasta el punto que se iba uno con la sensación de haber aprendido un montón de cosas. Tremendamente respetuoso con la forma de pensar y de actuar de los demás. Su frases preferidas y llevadas a la práctica con disciplina casi militar: “Tu libertad termina en donde empieza la del otro” y “Jamás hagas algo a alguien que no quieres que te hagan a ti”. Nunca se empeñaba en imponer su criterio, al contrario, tenía una frase que venía a cerrar una discusión: “Para ti, la perra de plátanos! cediéndole, por poco importante, la razón sobre la cuestión dirimida a otra persona. Tolerante y amante del diálogo. Decía que la única fuerza capaz de cambiar las cosas era la palabra. Fue un autodidacta para casi todo y tenía grandes dotes naturales para lo que fuera arte: pintura, escultura, manualidades, música, etc, lo que le llevaba a tener una exquisita sensibilidad. Puedo decir que era casi perfecto. Defectos, evidentemente, los tenía y los reconocía. Y por eso luchaba para mejorarse a sí mismo.  Y por eso, cuando se conoce, se comparte y se vive con una persona así, no te puede dejar triste por su marcha (natural, por otra parte). Por eso, cuando llega el 12 de Octubre, y de forma especial, me siento orgulloso de decir:

                                    MI PADRE SIGUE VIVO.