Mi deporte favorito: el ping-pong



Todavía tengo la duda de si emplear mi tiempo en escribir sobre el tema que tiene a una mitad del mundo, por no decir a las tres cuartas partes, preocupado. Escribo sobre él porque en anteriores épocas de mi existencia ocupó gran parte de mi tiempo tanto en la teoría como en la práctica y confieso que dilapidé muchas horas en poner toda mi atención hasta el punto de coger nervios, cabreos y dar saltos de alegría. Confieso que gasté dinero en  acudir a lo que muchos llaman, espectáculo. Fuí cómplice al alimentar a un monstruo que hoy en día es capaz de adormecer a millones de personas. Confieso que consumí en dosis generosas dos tipos de opio: el de la religión y el del asunto que hoy es el centro de las noticias tanto habladas como vistas y escritas: el fútbol, ese deporte al que los tentáculos de la corrupción lo tiene bien atrapado y del que viven muchos: unos mejor que otros. Amaños, robos, deshonestidad, trampas... todo en un pack. Alrededor los bailadores: los fanáticos, los ultras, la gente normal, los periodistas y los aficionados. Unos siempre justificando lo injustificable, otros escandalizados por tamaños desmanes pero que se lo siguen creyendo y muchos, una minoría, los verdaderos deportistas, decepcionados. La historia de este deporte nos recrea, para bien de algunos y para mal de muchos, de acontecimientos plagados de injusticias causadas por auténticos déspotas, tramposos y mafiosos. Un nuevo y negro capítulo se añadió ayer en el partido de Francia contra Irlanda: otra mano de Dios (hasta los ateos lo dicen)personificada en un tal Titi Henry que, con una desfachatez mas bien propia de un cínico delincuente que un caballero del deporte dice: "Si, fue mano pero yo no soy el árbitro." Mas o menos viene a decir: "Si, yo robé 2 millones de euros pero como la policía no vió nada....". Manda  huevos. Que se produzcan mangoneos por parte de los dirigentes de este deporte no me extraña porque de eso viven y no saben hacerlo de otra manera pero que un deportista, que me da igual el equipo en donde juega, encumbrado en la élite mundial y que además se afeita con unas hojillas de una marca universalmente conocida (esto ya lo digo de coña) sea tan cinicamente rastrero, es lo que ya se me escapa a toda lógica y al mas común de los sentidos. Cada día aparecen, para ejemplo de nuestros hijos, elementos de esta calaña: ya no sólo los políticos son los mas corruptos. Tambien lo son, los falsos protagonistas de un juego. Por eso, y a partir de hoy, y al término de este escrito, la duda se me ha disipado: no volveré a gastar ni mi tiempo ni mi dinero en oler y comprar mierda. Me dedicaré a jugar al ping-pong en el garaje de mi casa. Menos mal que a los buenos e indignados franceses por este bochorno les queda el consuelo de aquel lema famoso de la Revolución: "Liberté, egalité, fraternité", cosa que está claro se la pasó por el forro, el Tití.