Perseverancia



Desde el 20 de noviembre de 2.009, el abandono de la escritura ha sido un hecho palpable, no por desidia, aunque sí por obligaciones contraídas últimamente, desgana en otras, cansancio y porqué no decirlo, falta de perseverancia por mi parte. Si tuviera un 10% de esa virtud que tiene el inquebrantable Carlos Sainz, ganador del último Dakar al que felicito efusivamente desde este pequeño rincón de Internet, ya hubiera escrito una enciclopedia. Pero está claro que no es mi caso. Vivir y sentir muchas cosas que se desean hacer a base de impulsos y de empellones y no de una forma sistemática, rutinaria, matemática, ha sido una constante en mi existencia. Así lo acepto y así lo asumo aunque el tiempo, ese juez que no se jubila, me confirma que las cosas y las situaciones ocurren cuando tienen que suceder y no cuando uno quisiera porque a veces y en un gran porcentaje, las circunstancias de lo cotidiano y de lo extraordinario hacen posible que se modifiquen las pautas de conducta. Bien. Después de esta introducción (medio rollo patatero) hay que ver la de cosas que han pasado hasta el día de hoy, 16 de enero de 2.010, desde aquel 20/11/2009, mientras mi cuerpo, sobre todo mi espíritu, están conmocionados y llenos de estupor y de tristeza por la angustia y el dolor que están sufriendo a niveles fuera de lo común los habitantes de Haití. Encima, la impotencia y la indignación aparecen en escena, juntas de la mano, por un lado por no poder hacer otra cosa que aportar una ayuda económica, un grano de arena en el desierto y cosa ínfima, cierto.  Y por otro por constatar una y otra vez que este “puto” planeta no es redondo (y siento contradecir a Galileo). Es piramidal. Arriba, en lo más alto, los más poderosos, dominan con sus fuertes medios al resto de la pirámide. Conviven con ellos la soberbia, la codicia, el dinero, el desprecio por el resto de sus semejantes, la prepotencia, el olvido, la frialdad, en fin, todo aquello que es el alimento diario del mismísimo demonio. Abajo, abajo quedamos el resto de los humanos. En mi sentir está la solidaridad, sobre todo, porque tú y yo podemos ser víctimas de un golpe de la naturaleza de este calibre, al igual que los haitianos o cualquier otro pueblo que lo haya sufrido. Nos queda, al igual que ellos, la dignidad, por encima de todo, la lucha por sobrevivir si es que tenemos la dicha de seguir existiendo.
Y mientras asistimos expectantes a todo lo que por allí y tan lejos sucede, por aquí y en este país, incluidas las siete islas de los canarios, seguimos contemplando, atónitos, el movimiento de las agujas del reloj que giran hacia detrás: el futuro de un mundo mejor se está convirtiendo en el pasado de un mundo peor. A este planeta piramidal le hacen líderes para hacerlo redondo algún día si no totalmente, algo. Como los ha habido en otras épocas. Líderes que asuman el mando de una revolución tanto local como global, a nivel social, cultural, religioso, etc. Sigo teniendo la fiel esperanza de que algún día surjan aunque no lo vea. Por lo menos que lo experimenten mis hijos. Recuerdo con cierta añoranza, aquel discurso memorable de Martín Luther King, aquella revolución del 68, las movilizaciones de la gente luchando por distintos derechos humanos pisoteados y ninguneados por los poderosos de siempre. Pero para ello, el reloj tiene que continuar su marcha atrás hasta que la gente y los pueblos nos hartemos de tanta mentira y de tanta falsedad. Hasta que, una vez mas, al pueblo se le agote la paciencia. Hasta que seamos verdaderamente conscientes de que los actuales líderes nos están tomando el pelo y nos sigan considerando auténticos borregos. Para ello, pues, las y los que seguimos luchando a través de la fuerza de la palabra contra la intolerancia, la prepotencia, la desigualdad, la falta de  escrúpulos, tenemos y debemos insistir, ser perseverantes (quiero conseguirlo). Próximo objetivo: obispos impresentables (suma y sigue)