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Jun 17

El 26J vienen los Reyes magos, Papá Noel y Santa Claus

Aunque parezca increíble, apenas faltan dos semanas para que, de nuevo, se abran los buzones electorales, esparcidos por todo el país, para que una gran parte de la ciudadanía deposite su “carta” (en forma de voto) pidiéndole a su rey o personaje navideño favorito (cada cual tiene el suyo)  sus deseos más recónditos para los próximos cuatro años, si esta vez cuaja algún pacto porque, dicho sea de paso, tal y como veo yo la cosa, no está muy claro que Sánchez, Iglesias, Garzón, Rivera o Rajoy con sus respectivos equipos tengan el terreno expedito para gestionar la “res-publica”, expresión latina que significa “la cosa o esfera pública” de este país.

Todos nos prometen cambios como siempre, (PSOE: Vota sí por el cambio; UNIDOS-PODEMOS: La sonrisa de un país; CIUDADANOS: Tiempo de acuerdo, tiempo de cambio y el PP: A favor) pero quien realmente desea que haya un cambio de verdad es la ciudadanía en general. Todos queremos que haya empleo, solidaridad y calidad de vida, más igualdad, justicia, bienestar. Queremos una buena educación para nuestros hijos. Está en manos de nosotros, de la gente, pedir  a quien creamos y en quien confiemos, lo que deseamos. Sin embargo (ha ocurrido siempre) muchísimos irán a depositar su “carta” no por pedir unos deseos necesarios o algo por lo que estén convencidos sino simplemente porque no gusta una cara, el pelo, las frases que dice o el color de la camisa que lleva.

Ese refrán que dice: “más vale ruin conocido que malo por conocer” (por mi experiencia) me ha demostrado todo lo contrario. El ruin conocido seguirá haciendo ruindades porque no sabe hacer otra cosa. El ruin lleva en su genética portarse mal porque así se lo han enseñado y, por tanto, cree que lo que hace está fenomenal. Y por otro lado, nunca, me han gustado los fanatismos de cualquier color.

También deseo un cambio que, evidentemente, va en la dirección de mi apellido. Lo llevo en mi ADN y por las circunstancias vividas a lo largo de mi vida. Me encantan los zurdos y los admiro. No puedo renegar de mí mismo y de mis convicciones: eso conlleva aceptar a quien no piensa como yo, sobre todo, a familia y amistades.