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Ago 05

Sí, soy una mujer (de Elsa López)

Lo soy. Y por serlo tengo derecho a vivir como tal. Vestirme como una mujer, caminar como una mujer y enseñar mi cuerpo de mujer donde y como me dé la gana. No quiero que me prohíban dar de mamar en público para que no enseñe los pechos y así no provocar a los hombres; quiero bañarme desnuda en las playas sin que vengan a decirme que me tape porque estoy provocando la lujuria de los hombres de alrededor. Quiero caminar sola por las calles de día, de noche y al amanecer sin sentir el terror de unos pasos de hombre detrás de mí y presienta el abrazo rodeando mi cuello y sepa de sus manos palpando mi cintura, mis nalgas y mi sexo. No quiero que me soben en una bocacalle, en el metro, en un descampado o en una verbena sin mi consentimiento. Quiero emborracharme sin tener miedo a que me cojan entre varios amigos tan borrachos como yo y me lleven a un portal o a un aparcamiento y me violen entre todos hasta desgarrarme.

Quiero contonearme lo que me dé la gana. Vestirme o desvestirme como me apetezca sin tener la menor duda y sin pensar que esa ropa, esos pantalones o esa falda van a causar la pulsión sexual de cualquier energúmeno que se cruce en mi camino. Quiero ser libre, pensar libremente, vivir libremente mi cuerpo y mi sexo sin normas al respecto, sin mandatos de las autoridades competentes exigiéndome cambiar de vestuario, de manera de caminar, de forma de pensar y de mostrarme para así evitar que ellos se comporten como animales depredadores o como bestias sin control que se preparan para atacar a las hembras solo olerlas, quieran ellas o no quieran.
No soy un animal ni quiero vivir entre animales que no respeten mi voluntad y mi libre albedrío. No quiero sermones inquisitoriales en los que se me acuse de ir exponiéndome como en un escaparate, provocando. Y, desde luego, no necesito ni quiero leyes y gobernantes que me traten como si fuera de una especie a la que tienen la obligación de proteger. No quiero leyes protectoras para mí, ni castigos disuasorios para ellos. Quiero tener los mismos derechos y las mismas obligaciones. No quiero que los encierren por haberme olido y lamido en un baile o violado en un bosque. Quiero que les enseñen a no hacerlo; que los eduquen a no sentirse superiores a mí, ni más poderosos ni más fuertes. Que alguien o algo les enseñe a que tengamos sexos diferentes y no por eso el mío tenga que ser necesaria, única y eternamente, el agraviado, mutilado, violado, escarnecido y humillado. Solo por ser una mujer. Eso quiero.

Elsa López
La Opinión de Tenerife 02.08.2016 | 02:27

1 comentario

  1. 13maite

    ¡¡Muy bien,completamente de acuerdo!!