«

»

Nov 15

Trumpmanía e idiocracia

Prensa, radio y televisión se han hecho eco (y lo que queda) de la elección como presidente de los EE.UU de D.T. El artículo que a continuación voy a compartir es de lo mejorcito que he leído hasta ahora.

Idiocracia
Por Javier Gallego.  (de su blog: Lo llevamos crudo) 15/11/2016
Trump tenía que pasar. Era cuestión de tiempo que acabase en la Casa Blanca un personaje que encarna como nadie el embrutecimiento que provocan la sociedad de consumo y la cultura del espectáculo estadounidenses. El magnate convertido en estrella mediática por la televisión es la excrecencia del American Way of Life capitalista que ha degenerado en una masa lobotomizada por la gran superficie y los medios de distracción masiva. No es sólo una respuesta nacionalista a los estragos de la globalización exterior, es además un producto interior bruto. Brutísimo. Trump es made in U.S.A.

Es el retrato de Dorian Gray del sueño americano. En él está lo peor de una sociedad que ha alcanzado el grado de excelencia en áreas claves del conocimiento, pero también genera bolsas de población desinformada, manipulable y consumista que no conoce casi nada del mundo y está encantada de conocerse. Él mismo ha dicho que le gusta la gente poco formada y Trump lo es, es un indocumentado que va tan sobrado que no le importa llamar incultos a los suyos ni parecer un xenófobo y un machista prepotente y pendenciero. Porque yo lo valgo.

Para embaucar a ese electorado que se refugia en el orgullo patriótico, ha potenciado una imagen de bocazas rudo, soez y vulgar que desprecia los refinamientos por elitistas y que presume de tener el mal gusto de un hipotético americano medio. No es que finja, realmente es un tipo duro que se curtió como empresario cobrando a los morosos de los edificios de su padre. A la híper competitiva sociedad mercantil yanqui parece que le pone ese rollo Tony Soprano hecho a sí mismo.

Aunque, en realidad, su papá le dio un millón de dólares para que empezara a moverse en los negocios, él ha conseguido representar la fantasía americana del hombre blanco que llega a la cima desde abajo y va a devolverle a Estados Unidos y a su clase trabajadora el esplendor perdido. Como escribió la periodista del New Yorker, Lauren Collins, Obama prometía ser como tú y Trump promete que tú serás como él.

Y él es un John Wayne bufonesco con aires de Beavis y Butthead. Precisamente, fue el creador de esa parodia animada del zote americano, Mike Judge, quien hace diez años predijo cómo iba a ser el mundo gobernado por un Trump. En su película, Idiocracia, apenas distribuida por la crudeza de su retrato del futuro, pintaba un país de obesos, obsesos sexuales y catetos, insensibles a la destrucción del medio ambiente, enganchados a la telebasura, dominados por las grandes corporaciones y gobernados por idiotas que ridiculizan la inteligencia. Trumpolandia.

Por supuesto que todos los votantes de Trump no tienen ese perfil extremo porque otros muchos factores han intervenido en su victoria. Entre otros, una candidata errónea que representaba todo lo contrario, esa élite alejada del vulgo que sabe lo que es mejor para el pueblo pero sin el pueblo. Frente al despotismo ilustrado, ha ganado el despotismo iletrado.

Los liberales se escandalizan del triunfo de este nuevo fascismo espectáculo que no es sino el engendro nacido de la bestia neoliberal que han creado. Si idiotizas, los listillos como Trump se aprovechan. La respuesta no son los discursos floridos sobre valores democráticos que la máquina ha fagocitado mientras seguimos por el mismo camino que nos ha llevado hasta aquí. Si aún no es tarde, que lo dudo, la respuesta es una enmienda a la totalidad que sea más radical y atractiva que el enemigo.

Como decía el protagonista de Idiocracia, hubo un tiempo en que leer era cool.