«

»

Jun 19

La historia se repite…

Hace, aproximadamente, 40 años los habitantes de aquel país, que se caracterizaba por su alegría a pesar de haber padecido una guerra civil años atrás, con todo el dolor que supuso un acontecimiento tan terrible, ya que el enfrentamiento fue fratricida,  tuvieron que afrontar una de las decisiones más difíciles de su historia para no quedarse aislados, no solo del resto de su continente sino del mundo entero. Habían vivido, hasta ese momento, una situación de sometimiento ante unos poderes tenebrosos: un régimen dictatorial militar en connivencia con una institución religiosa, máximo exponente de poder en el planeta.  Tenían que tomar la decisión de seguir esclavizados ante aquellos monstruos o, por el contrario, ser un pueblo libre. Se pusieron en marcha una serie de mecanismos por parte de los que querían seguir en el poder, aferrados a sus privilegios, y por otra, los que querían cambiar aquella situación.

Los primeros utilizaron el remedio más eficaz,  que suele atenazar a los humanos y dejarlos paralizados: el miedo. Amenazaron con torturar, difamar, humillar y matar a toda persona que estuviera a favor del cambio. En sus soflamas y discursos gritaban que volvería otra guerra con el consecuente derramamiento de sangre. Consiguieron reclutar a casi tres millones de ciudadanos. No pudieron atraer a muchos más. La otra parte, a pesar de tanta amenaza, se armó de valor (casi 30 millones) y, utilizando como arma poderosa, la palabra, salió a las calles a gritar: ¡¡LIBERTAD!!

Después de tantos años, aquel país y sus  habitantes, al que se fueron incorporando gentes de otros países, que no estaban contentos con la política de sus lugares de origen, se acomodaron y  acostumbraron a las leyes (aunque fueran injustas) que dictaban dos grandes partidos políticos que se turnaban para gobernar.

Llegó un momento, en el que millones de personas, se movilizaron para decir a los dirigentes “de toda la vida” que ya estaba bien. Ya estaba bien de recortar derechos sociales, de disfrutar solo ellos de privilegios, que ya estaba bien de robar las arcas públicas, que ya estaba bien de hacer promesas para que los ciudadanos viviéramos mejor y  que luego eran mentiras. Que ya estaba bien de quitarnos la esperanza y la ilusión.

Ante esta situación, los dirigentes de siempre se percataron de que su “modus vivendi” estaba en peligro y arremetieron con todas sus fuerzas para acallar aquellas voces discordantes. Recurrieron a diversos métodos, valiéndose incluso de falsedades. Sacaron del viejo baúl de los recuerdos, teorías de épocas pasadas. Salieron de la cueva, antiguos protagonistas acomodados y apoltronados en sus riquezas, otrora héroes de la patria, para ponerse en primera línea de batalla contra aquel tumulto de gente, la misma gente pero con distintas caras, a la que defendieron y apoyaron en otra época. Gritaron hasta el punto que, en sus rostros, se les notaba odio y rencor. Recopilaron, también, información de otros países para atraer a aquellas gentes que procedían de aquellos. Consiguieron que muchos de estos atacaran, con una desfachatez asombrosa, a los propios oriundos haciendo comparaciones esperpénticas.miedo2

En la actualidad, los testigos que, por suerte o desgracia, vivieron estos dos momentos dicen que la historia se repite, aunque con diversos matices:

No es exactamente un régimen militar pero como si lo fuera. Sigue teniendo de concubina a la misma institución, a la que tiene tan protegida y consentida que no han podido quitársela de encima, hasta el punto que gobierna en la sombra amenazando con la actuación ilusa de falsos poderes divinos e imponiendo su falsa moral y su doble vara de medir.

De nuevo, se enfrentan con las nuevas generaciones, a aquellos espantajos que, como en la ocasión anterior, gritan con fuerza: la convivencia peligra, una nueva dictadura pero con tintes de color rojo se va a imponer, escasearán los alimentos, vienen lobos con piel de cordero, habrá guerra y miseria, en fin. La película, basada en hechos reales,  es exactamente la misma.  Esos testigos, con edad, experiencia y despojados de muchos derechos, arropados por multitud de jóvenes, no tuvieron ningún miedo (hasta esa sensación se la quitaron) de tomar la decisión de un verdadero cambio.