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Jun 07

Crisis de salud (Capítulo 3)

En el anterior relato terminé con la frase: “A principios del año 2011 empezó lo peor”. Efectivamente. Los parámetros de una diabetes no controlada se fueron cumpliendo de una forma inapelable. Llegado este momento (a mi particularmente) me afectó, por encima de todo, al sistema nervioso. Ocurrió algo inesperado: un despido laboral, muy común por aquellas fechas y las actuales. Me veía a mis 57 años que tenía que reinventar mi vida. Desaprender y aprender de nuevo. Había, no solo que luchar contra la situación sino contra la enfermedad. En ese momento se te ocurre todo. La angustia y el estrés pasan a un primer plano y se entra en un estado depresivo que afecta no solo a uno mismo sino lo que es peor: al entorno familiar y de amigos. En ese momento ni siquiera una bonanza económica te saca del hoyo. Había cobrado una indemnización y por ese lado estaba tranquilo. Jamás, en mi vida, había tenido tanto dinero junto. Pero está claro: el dinero no te da la felicidad. Te ayuda, como se suele decir, pero no te hace feliz y no te da la salud menos aún si uno no se cuida. Pensaba en desaparecer y esconderme. No quieres ver a nadie. Ni siquiera los hijos son una motivación cuando se sabe de sobra que ellos son lo más importante cuando los tienes. Menos mal que son ideas efímeras que se pasan por la cabeza y que sacas fuerzas de donde no se tienen. No tardé 48 horas en reaccionar. Si dejas que lo negativo te gane el pulso, mal asunto. Había que reconvertir aquella situación. ¿Por dónde empezar? ¿Por solucionar la situación laboral? ¿Por hacer ejercicio? ¿Por buscar otras alternativas a mi estado anímico? Como no soy persona metódica y rutinaria puse en marcha varias medidas a la vez: me di de alta como autónomo, empecé a escribir mi primer libro, que vio la luz en el año 2012, hice ejercicio y… en una huída hacia delante, desesperado por la situación no solo personal sino por el ambiente enrarecido y tenso de todo un país llevado a la ruina social y económica, en un estado de inquietud alarmante, a principios de 2013, cogí rumbo a Las Indias. Me puse el vestido de emigrante y me marché solo en busca de trabajo a Colombia. Aquella decisión suponía correr un riesgo para la salud no solo por el cambio en las comidas sino en el estado sicológico. Anterior a mi marcha lo que llevaba mal era la alimentación. Seguía cubriéndome de gloria con dulces, pastas e hidratos de carbono y seguía fumando más. Fue una continua irresponsabilidad con mi salud. Posteriormente, como contaré, la venganza fue terrible y aunque continuaba tomando las pastillas de metformina que me regulaban el azúcar mi estado de salud seguía en fase degenerativa. Me cansaba con frecuencia y eso no me ayudaba a hacer ejercicio con lo cual la vida era cada vez más sedentaria. Mis hábitos alimenticios prácticamente eran todo lo contrario a lo recomendable además de seguir con el tabaco. Pero bueno, las pastillas eran una buena excusa. Por poner un símil: estaba curando una herida que necesitaba 10 puntos de sutura con una tirita. El caballo de Troya se adentraba cada vez más ocupando posiciones estratégicas y yo lo quería aniquilar con una pistola de agua. A principios del 2014, sonaron las alarmas…

José Miguel Izquierdo