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Ago 05

La mujer, ese peligro

Acabo de publicar, en esta misma web, un artículo de la escritora Elsa López que me llamó mucho la atención. Quiero, desde aquí, felicitarla por este escrito que invita a soñar. Un escrito, utópico a día de hoy, que si algún día se hiciera realidad, este mundo sería infinitamente mejor. No me cabe la menor duda.
Y digo utópico porque llevar a la práctica lo que ella escribe y demanda, causa controversia y tristemente, sorprende o asombra. No es de extrañar, puesto que la educación a la que hemos estado sometidos ha sido brutal y perjudicial en este sentido. Cada día estoy más convencido de que hay más mujeres con actitudes machistas que muchos hombres, con lo cual, va a ser más complicado que el sueño de Elsa (y el de multitud de personas) se haga realidad. Si a esto le añadimos, la intervención de las iglesias, apaga y vámonos. El último ejemplo lo tenemos en unas declaraciones de un cardenal peruano a las que Elsa responde: “No quiero sermones inquisitoriales en los que se me acuse de ir exponiéndome como en un escaparate, provocando”.
Con estos talibanes religiosos hablando a la sociedad, como en tiempos de la Edad Media, es más complicado evolucionar. Ellos, sobremanera, se creen  los encargados, por las distintas y supuestas deidades (masculinas, cómo no), de imponer un pensamiento y una moral determinadas. Se consideran los responsables de dictar unas normas ancestrales poniendo palos en las ruedas e impidiendo el avance de la humanidad.
A pesar de ellos y de sus vestiduras rasgadas, la sociedad avanza y las mujeres cada día, muy lentamente, van adquiriendo y acercándose a una igualdad con los hombres.
El escrito de Elsa López es un canto a la libertad y a la igualdad. Es un grito de protesta ante tanto poder varonil impuesto por unas leyes dictadas y elaboradas por lo “masculino”. No hay nada más que mirar a esa Conferencia Episcopal, a ese Vaticano y a esos gobiernos, cuyos asesores y expertos en muchas leyes (incluida la del aborto) son hombres.
Quiero, desde este mi espacio, expresar mi gratitud inmensa a esta gran escritora, afincada en nuestra tierra, por ser tan valiente y tan transparente. Porque -seguro- no solo habla solo por ella sino  por miles de mujeres que sufren acoso, maltratos, violaciones, desprecios, humillaciones.
Y le expreso mi gratitud en nombre de unas hijas, de una pareja, de las madres de mis hijos, de unas amigas y, sobre todo, de una madre a la que le prohibieron el acceso a la habitación donde estaba su hijo enfermo -en aquel centro eclesiástico- por ser mujer.